Somos dos rubiazas maduritas o vecinas tetonas como lo quieras llamar, estas Navidades tenemos turrón para dar. Y es que lo hemos decidido así y será así. Porque cuando una mujer quiere hace lo que quiere. Nos hemos mudado a un nuevo piso, las dos estábamos casadas y la verdad que es una pesadez eso del matrimonio. No es natural, porque al principio todo está muy bien, tienes un hombre al lado, una picha que te consuela a cada momento, yo creía que esto sería distinto. Ya que el sexo nos gusta mucho y una de las razones del matrimonio y estar casadas era practicarlo a diario. Pero ese vicio desmedido nos ha llevado a las dos, al hastío y la repugnancia.
Nos creíamos que estar todo el día con un hombre era diferente, pero luego viene el estar cada día con él, comer con él, esperarle a él y la verdad no todo fue sexo. Por eso, nuestro vicio nos ha llevado al divorcio. Y aquí estamos solas pero juntas, en el mismo piso y con las mismas ganas de vicio que siempre, pero esta vez, no cometeremos el mismo error. Permaneceremos divorciadas hasta el final.
Vecinos jovencitos se tiran a vecinas tetonas MILF
Después de mudarnos aquí, hemos conocido a dos jóvenes que viven el piso de arriba. Y desde un tiempo ya le dije a mi amiga que por qué no nos los tirábamos. Nos ha costado romper el hielo y a ellos más, pero al final, hemos llegado a conocernos y estar en nuestro piso. Han bajado aquí y ahora lo hacen a menudo, y disfrutamos como debe ser. Hemos comprobado la libertad sexual de poder fornicar como queramos. Además hacemos fantasías que a ellos les gustan, como de profesoras, mamis, madres y así se ponen cachondísimos.
Nosotras se la chupamos y nos vuelve locas, uno de los dos tiene un pollón que nuestros maridos cornudos no le llegan ni a la suela los zapatos. Lo que nos gustan las pollas grandes es un vicio y este vecino la tiene así. El otro no es tanto, pero bueno, como viene con él, se aprovecha de la situación. También fantaseamos que estamos en una línea erótica de maduras, casadas, gorditas y ellos hacen ver que nos pagan cuando nos llaman. Y después, una vez nos hemos puesto calientes hablando por teléfono, desde nuestros pisos distintos. Les decimos que vengan para aquí, que bajen a nuestro piso, y hagamos realidad eso de follar. Toda una delicia la verdad para estas vecinas tetonas rejuvenecidas.



